viernes, 5 de enero de 2018

Después de la *breve historia de mis andanzas por la red social, voy a describir un poco los menesteres en los que *invierto el tiempo:

Tengo muchas inquietudes, pero solo unas pocas han llegado a convertirse en pasiones.
Me encanta reproducir (o intentarlo) cualquier cosa a escala pequeña, principalmente trenes en H0 (hachecero, Half Cero, 1:87) de España, Francia y Portugal. Esta afición nace de ver a mi abuelo Ángel, a mi tío Miguel Ángel y a mi hermano desarrollar la afición al modelismo, pero en otros campos como las miniaturas, naval o aeromodelismo y juntarse con otra de mis pasiones, el ferrocarril. 
Pese a no tener ningún familiar que haya trabajado directa o indirectamente con el tren, han sido tres los escenarios que me han llevado a enamorarme de este simple medio de transporte, ellos son la estación (la antigua) de Villalba de Guadarrama, Pueblo donde llevo viviendo mis 31 años, situada casi al comienzo de la línea Imperial (Madrid-Irún) había un ambientazo ferroviario muy bonito y una cantina con un chocolate riquísimo que fueron sustituidos por una insulsa estructura triangular de hormigón y cristal.
El ferrocarril eléctrico de Guadarrama también ha sido un referente para mi, ya que llevo desde pequeño subiendo a la nieve, subiendo a patear por la montaña o simplemente a disfrutar del café de cotos... Últimamente como vía de escape a la *ansiedad subo casi una vez al mes. Es una línea de 19 kilómetros de ancho métrico, cuyo tren es una vieja unidad de origen suizo que asciende sin problemas por las laderas de Siete Picos hasta el puerto de Navacerrada, terminando su recorrido ocho kilómetros mas adelante en el puerto de Cotos.
También ha influido mucho la vieja línea del Ponferrada Villablino, la cual he conocido en pleno declive, ocaso y muerte. Se trata de otra línea de ancho métrico que asciende parte del valle del Sil, cuyo principal negocio (y único en sus últimas décadas) ha sido el transporte del carbón. El sonido ronco de las locomotoras diésel retumbando por el valle desde lejos me hacían detener cualquier cosa que estaba haciendo y buscar el punto de observación, que bien podía ser la galería de la casa de mis abuelos o cualquier punto en la huerta del abuelo donde tuviese "línea de tiro"
Dando pedales he hecho muchos kilómetros por la sierra noroeste de Madrid, principalmente, pero también he desgastado mucha suela de bota, hoy ya no dedico tanto tiempo como me gustaría a la montaña, pero me escapo siempre que puedo.
Todo esto también me ha hecho desarrollar una afición complementaria que es la fotografía, al ir a ver trenes, maquetas (o hacerlas) patear por el monte casi siempre voy acompañado de la cámara, es otro momento "zen", me concentro de tal forma en lo que estoy haciendo que pierdo literalmente el contacto con la realidad...














*Breve: Depende de la velocidad empleada por el lector en el ejercicio de lectura comprensiva.
*Invierto: O pierdo...
*Ansiedad: Se junta esta tontería, con aquella minucia, con ese problema... hasta que no cabe mas

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